Pequeño descuido
Las heridas eran de papel, se rompían y luego las volvían a coser.
Como cada noche buscando calles paralelas para poderse esconder.
Como cada noche en las esquinas que se quedaron aún por recoger.
Se olvidaron de llorar cuando el destino era una excusa,
volvieron a prender por agosto un cielo desgastado.
Y el asfalto seguía ardiendo, aunque fuese otra ciudad:
¿Quién pudiera despegar las suelas de los zapatos?
Solían confundir la sangre con los cristales rotos,
las miradas desarmaban las ganas de matar,
y decías que nadie podría detenernos... pero frenamos en seco.

hahahahaha dijo
mola mmuxooooo
vivan las petardas
21 Septiembre 2009 | 10:30 AM