Carta a un amigo
Cuando vi que los días se mezclaban en un manojo de años, no pude retroceder... entonces la amistad viajaba en un Renault Clio Verde y Violeta perfilaba los espacios de un salón por habitar en la calle Rascón...
Cuando vimos que los años se mezclaban en un manojo de días, comprendimos que esto iba para largo... tanto que lo peor de echarte de menos son todas las cosas que se quedan por hacer.
Hace unos siete años que los calendarios colgaron un cartel de claudicado por exceso de complicidad y las calles quedaron asfaltadas por tu forma de conocer a los demás, por tu forma de entender la vida en definitiva.
A veces miro sin querer hacia atrás, entonces los espacios son píxeles y canciones que cobran sentido cuando sin darme cuenta puedo contar contigo, cuando miro el reloj y la única certeza es que tu tiempo es el de todos.
Cuando vimos que los periódicos contaban mentiras y tú me contabas la única verdad, comprendimos que esto era un ejercicio de sinceridad... tanto que el silencio son palabras cuando te tengo enfrente.
Cuando vi que nunca supe ni de guerras ni de amor, comprendí... que vuestras heridas me dolían.
Tarifa, 27 de junio de 2009

MSanchez dijo
Deivid,
saludos.
El tiempo es tan inclemente, no solo es un manojo años, de dias, o de horas, es una manojo de momentos y oportunidades, que van dejando huellas en nuestra vida. Y cuando menos lo esperas, en cualquier otra escena, en cualquier otra ruta, se aparece en nuestro camino personajes importantes que dejaron huellas o heridas, sabremos entonces, si han sido curadas realmente.
Que pases una feliz semana,
Marjorie.
29 Junio 2009 | 09:56 AM