Sigo mi estrella en algún lugar perdido,
busco y enciendo rastrojos de cariño
abandonados en cada calle que recorrimos.
Como vuelan las palabras por los caminos
que condenaron a ser otra vez perseguidos.
¿Cuánto tiempo ha de esperar cualquier soportal...
...para ver llorar al cartero?
¿Quién fue el que disparó primero
en mitad del duelo, si mi muerte era su sombra?
Borro las huellas de lo que tú llamabas olvido,
miro y me escondo: vigilando mis descuidos,
para no volver a sufrir la derrota de los bares.
A veces Cristo muerde el carmín de las aceras
al confundir el porvenir con que tú vinieras,
y las pupilas son corazas que sangran luz,
y la risa es viento que se esconde entre los dientes.
A veces, sólo a veces, invento tu nombre.
