México es una canción de Lucinda Williams,
una ventana abierta a espaldas del Pacífico
y un resfriado mal curado de aire artificial.
Las carreteras acababan en el cuaderno de mi mesilla,
entonces curabas el silencio de los hospitales
y los aeropuertos traficaban con carmín y despedidas.
Ni siquiera el tráfico era capaz de juzgar el tiempo,
cada coche que pasaba era un verso sin nombre;
de Garibaldi al Zócalo pasando por tu reflejo.
Ni siquiera te bastaba que vomitase el corazón
o que los ojos se empañaran en cada palabra
sepultada por la oquedad de un papel a cuadros.
La vida es un viaje en tu asiento trasero,
un paseo nocturno sin zapatos por la Barceloneta
y las ganas de empezar lo acabado de nuevo.
A veces me hundía como la espuma de cerveza
porque el cuaderno de mi mesilla te echaba de menos,
porque el césped dejó grabada nuestra silueta.
