Cuando las flores marchiten sus pétalos, y la vida penda del último hilo de calor el cenit clamará rojizo a suelo tendido por volver a oír los redobles de tus pasos.
Si el viento sesgara piel y el rocío habitase las manos de los desheredados, buscaríamos lo absurdo en la cima de un páramo al Sur de lo imposible.
Marfil en trazos sombreados, que soplan una y otra vez hasta llegar a susurrar a los mendigos, fieles a carreteras que zozobran de destino en destino... al destino.
Cuando tu sangre sienta mi pulso y la necesidad caiga derrotada al amor, el mundo girará sobre sus recodos para contemplar que esta vez lo conseguimos.
A veces brillan como dos gotas de agua, a veces quieren confiarlo todo, y es que la paciencia se divisa en tu costado. A veces intentan cazarte al vuelo, a veces vuelven a empezar hasta doler, y es que son las canciones de nuestra vida; preparadas para morder, preparadas para volverte a entender.
Luego llegaron ellas, empezaron a dar sentido a todas nuestras tonterías; amistad al borde del mar, amistad al pie de cualquier camino, son como muñecas que intentan sobrevivir entre pasaportes y esquinas.
Puede que otra vez vuelva a llover sobre las ruinas de este puente, puede que volvamos a pisar el acelerador y escaparnos tú y yo, otra vez sin error hasta quedar prendidos en colchón a salvo.
A veces brillan como dos gotas de agua, a veces quieren confiarlo todo, y es que la paciencia se divisa en tu costado. A veces intentan cazarte al vuelo, a veces vuelven a empezar hasta doler, y es que son las canciones de nuestra vida; preparadas para morder, preparadas para volverte a entender.
Suena un abatir de alas en esta ciudad,
suena que otra vez te largas de casa.
Vuelves a escuchar motores de largo pasar,
vuelves a querer sentir la oscuridad.
Tanto tiempo intentándolo volverlo a intentar,
tanto tiempo esperando para luego errar… y te da igual.
Se oye un abatir de alas en esta ciudad,
dicen que esta vez, te vienes conmigo…
Dicen que esta vez, pasa de largo la soledad,
y es que aprendimos a habitar tus labios.
Y cuántas veces esperaba en los portales
o invitando a bloody mery
a cualquiera que me recordase a ti... y me da igual.
Suena el abatir de tus alas en esta ciudad,
dicen que esta vez, te vienes conmigo.
El caso es que siempre me ha costado distinguir si el mundo gira de un lado a otro o de otro a un lado. Quizás al igual que tu nombre; que lo puedo leer del derecho al revés, y del revés al derecho.
Tú buscas latidos y arena de playa en ciudades oxidadas, Tú traes el pulso del desastre que se cuela los días impares. Tú eres luz que profesa fe porque no es que seas: eres.
Anoche te volví a escribir versos, la vida eran soplos de viento a tres bajo cero, y el calendario marcaba simplemente jueves cuando las ventanas escondían gestos y fulgor al umbral de calles deshabitadas y acompañadas por luna y asfalto.
La vida pende entre tus vaqueros y unos zapatos, ojalá los pasos vuelvan a traer consigo la sombra de los días que descorchan sonrisas y calor; lenta sube la marea de tus labios hasta mi boca.
Anoche encontraste el Norte en Casiopea, y mi manía de cerrar los cajones antes de salir de casa deambulaba por los pasillos que salen a tu encuentro. No hay recuerdo que habite tu rostro, y lugar sin patria que resista tus ganas y sed por vivir.
Me acuerdo de un verso de García Montero, de las esperas, las esperanzas y la desesperación. "Si la vida te maltrata…" y todo lo que viene después. Saltas al vacío y vuelcas un charco en la última página de un periódico que iba para avión de papel.
Rastreas una calle de Tribunal y aflora un baldeo de pasos por aquellas esquinas que fueron excusa de derroche, y pienso que las batallas terminan en puertos, almohadas y párpados cerrados.
Mientras, la hierba mojada atrapa halos de luz cuando brota sal de mar en labios rosados, entonces despiertas y vivimos eternamente en tardes de sol y viernes.